Haz de tu vida un sueño, y de tu sueño una realidad.
Antoine de Saint-Exupéry

Los vuelos de devolución de visita

D. Julián Oller, Historiador aeronáutico y escritor, miembro del C.A.S.H.Y.C.E.A.

D. Julián Oller, vicepresidente del patronato de la Fundación Cultural Aérea de la Comunidad Valenciana y miembro del C:A.S.H.Y.C.E.A., nos deleito muy apasionadamente como es habitual en él, con una de sus conferencias que tuvo lugar el 17 de Mayo en el Salón de Actos del Museo Histórico Militar de Valencia. Dentro de la VI, Edición de “museo Vivo”, se celebró previamente a la conferencia una emotiva ceremonia de izado de bandera y depositación de ramo de flores en homenaje a los que, dieron sus vidas en tiempos de paz o de guerra al servicio de España. La guardia de honor compuesta por miembros de la Asociación de Amigos del Museo, desfilaron de soldados de la época de las guerras coloniales de 1898, cuando Cuba, Filipinas y Puerto Rico eran colonias Españolas.

Este acto se realizó en el patio interior del Museo Histórico, donde una vez finalizado y haciendo acto en el mismo el subteniente D. Rafael Sebastián del Ejercito de Tierra, D. Javier Planells, Presidente de la Asociación Cultural de Amigos del Museo Histórico Militar de Valencia y por último, uno de nuestros miembros destacados de la F.A.C.V, el General D. Juan Garay Unibasco, se dio paso al comienzo de la conferencia.

El primer teniente Antonio Menéndez Peláez, de la Marina de Guerra cubana, es el héroe del vuelo Camagüey-Sevilla, que en enero-febrero de 1936, hace ahora 77 años, lo llevó a recorrer, en solitario y sin pretensión de batir récord alguno, 14 454 kilómetros a fin de devolver la visita que, tres años antes, hicieron a Cuba los pilotos españoles Barberán y Collar con su histórico vuelo Sevilla-Camagüey. Tras la caída del dictador Gerardo Machado en 1933, Antonio Menéndez Peláez entró en el Cuerpo de Aviación de la Marina de Guerra de Cuba. Propuso a sus superiores un vuelo-respuesta al de ese año de los pilotos españoles Barberán y Collar entre Sevilla y Camagüey, sin escala, y a bordo del legendario Cuatro Vientos, cruzando el Atlántico por su lado más ancho según la ruta de Colón. Aprobado el vuelo, partió de Camagüey, con un despegue en 17 segundos presenciado por diez mil personas el domingo 12 de enero de 1936, y resultó el breve prólogo de una hazaña que concluiría en Tablada, Sevilla, a las 5:25 p.m. del 14 de febrero.

Los pilotos filipinos de origen español Antonio Arnáiz y Juan Calvo realizaron el vuelo Manila-Madrid de 1936.

Juan Calvo, pionero de la aviación filipina, concibió la idea de hacer un vuelo de Manila a Madrid como amistosa réplica a los realizados a Filipinas por los pilotos españoles Gallarza y Loriga en 1926 y Rein Loring en 1932 y 1933, pero no pudo llevar su vuelo a efecto hasta 1936. Esta hazaña la llevó a cabo junto con su amigo Antonio Arnaiz, piloto instructor, con un avión Fairchild 24 monoplano, bautizado con el nombre de "Commonwealth of Philippines". En Madrid fueron condecorados con las medallas al mérito blanco, pero el estallido de la guerra civil estaba próximo y con ella el olvido irremediable de la hazaña. Cuando regresaba a Filipinas en la bodega de un barco con el aparato, se perdió para siempre al hundirse en el Mediterráneo tras sufrir un bombardeo.

En 1932, un par de aviadores españoles, Mariano Barberán y Joaquin Collar, se aventuraron en la misión de conectar España con Latinoamérica, usando el avión “Cuatro Vientos”, Barberán y Collar partieron de Sevilla en la Madre Patria el 10 de junio de 1933, para llegar a Camagüey, Cuba, a donde llegaron tras casi 40 horas de vuelo ininterrumpido. El día 20 de junio parten hacia México como una extensión de su gran vuelo, pero en los alrededores de Villahermosa se perdió el contacto en medio de una tormenta. Nunca más se supo del Cuatro Vientos, o de Barberán y Collar, ni siquiera hoy en día se han localizado los restos del aparato.

Algunos pilotos mexicanos quisieron realizar la misma travesía desde Ciudad de México hasta Sevilla en homenaje al sacrificio de los difuntos, con un avión modelo MTW-1 construido en México. El piloto escogido para la travesía fue Francisco Sarabia Tinoco, pero después de dos vuelos de prueba sobre el Valle de México, en 1934, el vuelo se suspendió.

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