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Amelia Earhart

'Bâzu' Cantacuzino: Príncipe y Piloto

D. Julián Oller Historiador Aeronáutico, Escritor y Miembro del I.H.C.A..

Como ya va siendo tradicional, el ciclo anual de conferencias de la Fundación Aérea de la Comunidad Valenciana se cerró con la charla de uno de sus miembros, en esta ocasión a cargo de uno de sus vicepresidentes, el historiador Julián Oller, quien desarrolla una ingente labor de investigación de los personajes más notables dentro de la Aviación nacional y mundial. Como avance y resumen de su próximo libro, que está a la espera de publicación, durante casi dos horas tuvo pendiente al público de buenos aficionados que llenaba el auditorio del Museo Militar, de la detallada biografía de una de las figuras más importantes de la Aviación europea del siglo XX, el príncipe Constantin Cantacuzino. Comenzó refiriendo la exhibición, de la que el conferenciante fue testigo directo, una de las primeras efectuadas en España que el as rumano llevó a cabo en mayo de 1954 en el aeródromo madrileño de Cuatro Vientos, en la que ocurrió el desgraciado accidente que ocasionó la muerte al aviador español Vicente Aldecoa. Tras este luctuoso suceso y haberse evitado la suspensión del acto, Cantacuzino electrizó al público con maniobras sobrecogedoras de maestría y dominio de su avioneta Bücker Jüngmeister, con la que durante años admiró a los públicos de toda España.
Tras repasar detalladamente la genealogía y antecedentes familiares del protagonista de la charla, Julián pasó a relatar la vida personal y profesional del famoso aviador, sus actuaciones a través de las diferentes etapas políticas y bélicas que se desarrollaron en su país, la Rumanía de la primera mitad del siglo, culminando con su exilio en España a partir de 1950, país en el que encontró el apoyo y el respaldo económico por parte de los españoles y de algunos de sus compatriotas aquí refugiados, apoyo que le permitió orientar su vida dentro de la propia profesión vocacional, trabajando para hacer frente a su subsistencia incluso en tareas tan humildes para un as de la aviación, como la fumigación aérea de cultivos.
El conferenciante hizo mención específica de algunas personas que le ayudaron en su etapa española, entre ellas un familiar de quien escribe esta reseña, que tuvo la ocasión de conocerle personalmente y del que guarda un sentido recuerdo. El príncipe Cantacuzino, en su activa y espléndida madurez, debió ser operado clínicamente en Madrid por una antigua afección gástrica, contrayendo una infección que, fatalmente, le ocasionó la muerte días después. El héroe que en tantas ocasiones había salido indemne de luchas, accidentes, percances y peligros, fallecía víctima de una vulgar afección hospitalaria.
Esperamos la pronta edición del completo y detallado libro de nuestro compañero y amigo Julián Oller, que vendrá a culminar el homenaje debido al as de la Aviación que tan admirado fue, por amigos y enemigos, en la Europa del pasado siglo, en donde la batalla aérea todavía conservaba la impronta del duelo entre caballeros de justas medievales.

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